Financiando áreas protegidas: estudio de caso costarricense

septiembre 19, 2005 | Written BY : admin_test

Desde hace mucho se ha reconocido que las áreas protegidas constituyen valiosos recursos ambientales: sirven de cota de referencia en estudios científicos, zonas seguras para el hábitat de flora y fauna y como destino turístico. También cumplen funciones de conservación de la biodiversidad y prestan valiosísimos servicios ambientales como agua potable y energía hidroeléctrica, por mencionar sólo algunos.

Pero una protección ambiental eficaz de los paisajes designados cuesta dinero y eso es lo que ha llevado a algunos países y organizaciones a explorar el concepto de pago por servicios ambientales como posible fuente de fondos para este propósito. La idea básica de este concepto que ha surgido en los últimos años es que los beneficiarios externos paguen directamente a los propietarios y usuarios locales que implementen prácticas que propicien la conservación y restauración del ecosistema[1].

El Parque Nacional Tapanti

El Parque Nacional Tapanti Macizo de la Muerte (PN Tapanti) alberga más de un veinte por ciento de las especies animales de Costa Rica, incluyendo especies amenazadas de extinción como el tapir y el jaguarondi. Además contiene, entre otras cosas, una zona de ecosistema de páramo pluvial subalpino que raramente se encuentra. Sin embargo, la extracción ilegal de plantas y animales pone en peligro al parque y va en contra de los esfuerzos de conservación. Los funcionarios del parque afirman que más allá de su presupuesto anual de US$245 000 se necesitarán otros cien mil dólares para equipo, infraestructura y mantenimiento durante los próximos cuatro años.

En julio de 2005 y con apoyo del CATIE, Florence Bernard, estudiante graduada del Grupo de Análisis de Sistemas Ambientales de la Universidad de Wageningen de Holanda presentó su tesis sobre Servicios de ecosistemas de áreas protegidas y mecanismos para financiarlas.  Su investigación se centra en el PN Tapanti, asociado del Bosque Modelo Reventazón, y en tres servicios principales de ecosistemas: biodiversidad, abastecimiento de agua, recreación y turismo.

Además de la enorme variedad de plantas y animales del Parque Nacional Tapanti, el estudio de Bernard reveló que el 25 por ciento de la población del país se beneficia de los servicios de suministro agua que presta el parque para fines bebestibles e hidroeléctricos. Según ella, el sector de recreación y turismo del parque tiene muy escaso desarrollo por falta de equipo, infraestructura y personal.

En términos generales, Bernard recomienda que el parque se financie mediante pagos de servicios ambientales por parte de quienes ahora los usan gratuitamente —compañías hidroeléctricas y consumidores de agua y electricidad, entre otros. Propone además que se desarrollen oportunidades turísticas con participación de las pequeñas comunidades que rodean el parque. Usando éstos y otros medios, el parque puede generar con creces los fondos que necesita para operar funcional y eficazmente. Bernard concluye que es fundamental  que haya un seguimiento de los mecanismos financieros para asegurar que se logren las metas de conservación, manejo forestal sustentable y equidad social.

El estudio de Bernard forma parte de varios que ha facilitado el Bosque Modelo. Para mayor información, póngase en contacto con el Dr. José Joaquín Campos (jcampos@catie.ac.cr) de la Red Regional de Bosques Modelo para América Latina y el Caribe o con el Dr. Rudolf de Groot, Universidad de Wageningen (dolf.degroot@wur.nl).


[1] Sven Wunder, CIFOR Occasional Paper No.42, Payments for Environmental Services: Some Nuts and Bolts,  2005, Centre for Indonesia

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